quietud

SENTIMIENTO SIN REFLEXIÓN

Esta es una historia contada en cuartetas, y lo escribí así. Esto es lo que pensé en aquel momento y lo exprese de esta manera.

Siempre había sido yo el que dejaba y no entendía por qué  en ese momento sin motivo aparentes me dejaba a mí, eso creí yo.

Después pensado,  sí que había motivo lo que yo quería no era lo que quería ella.  

                                 

 

                                  QUIETUD

 

Me quitaste la quietud con lo tranquilo que estaba,                en la playa bajo el sol por la arena caminaba.

El destino quiso entonces que yo en ti no me fijara, la noche volvió a juntarnos entres sombras me esperabas.

Te vi  de plata vestida de luna que reflejabas, con destellos luminosos que la noche a ti te daba.

Se volvieron en mi deseo de ser quien te acompañara,         se tornaron de inquietud de miedo ante tu mirada.

De luna llena  de otoño y palabras enlazadas,            

de labios muerto de sed para que los míos calmaran.

De cogerte de la mano de besarte junto al agua,                   de estar contigo sentado en las dunas de la playa.

Me abrí ente tus deseos con miedo a lo que pasara,                la mentira rondó entonces más tarde lo confirmabas.

Volvimos a vernos más era tú la que mandabas,           negabas tus sentimientos cuando yo te preguntaba.

Tanto me quisiste tú, amor, penas, desengaño,                    para aguantar tantos años corroída de inquietud.

El tiempo corría veloz yo dejaba que pasara,                        para ser los dos iguales sin presión así esperaba.

Creí en lo que decías que era a mí al que tú  amaba,              me llegaste a convencer  me creía tus palabras.

De estar junto “to” la vida de ser lo que deseaba,                   de sentirte bien conmigo de ser toda tú alegría.

Los celos surgieron mucho y yo a ti no te lo daba,                me callaba las palabras y bajaba la mirada.

Los sufría para dentro para que tú no lo notaras,                 para que fueses feliz sin temor a lo que pasara.

El destino quiso entonces que con otro tropezaras,               que cediera a tus codicia y se plegara a tus ansias.

Que se arrastrara ante ti y todo lo abandonara,                 dejara a los que quería para ser la que dictaras.

Malear sus sentimientos a tu medida y antojo,                 colmar así tus deseos  despropósitos y anhelos. 

Antonio Aragón